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lunes, 12 de mayo de 2008

Carta Abierta

No toquen la escarapela

“Todos somos el Campo. Ponete la escarapela por el país. Ponete la escarapela por el Campo.”

Cuando los dirigentes de la negociación leyeron esta proclama sentí que el país era demasiado para caber en esas cuatro caras. Darse cuerda patriótica sin autorización de la patria es una grosería cívica. No sé qué pensarían French y Beruti de esta arrogancia de un sector económico que pretende que su negocio es tan argentino que se merece la escarapela. En aquel 25 de mayo de 1810 ese símbolo impovisado de dos cintitas celeste y blanca, se asumió como identidad nacional frente a la del poder de la corona.

A mí me sorprende que ahora, por un tema de “retenciones”, por una trama de intereses y de ganancia, un grupo de la sociedad argentina se apropie simbólicamente de la argentinidad. Y lo haga para enfrentar al gobierno nacional como si se tratara de un Estado enemigo. No se deliren. Tómense un mate.

La sola idea de que la escarapela argentina sea invocada en la reyerta impositiva es de tal despropósito intelectual que invalida razones. La escarapelización, como decoración de la puesta en escena, no convierte por arte de magia la resistencia empresarial en una patriada gauchesca.

No se puede banalizar un símbolo para lucir mejor ante la televisión y los medios. Está bien que las cámaras aticen el histrionismo hasta del agricultor más inexpresivo, pero quienes están en las rutas no son los gauchos de Güemes ni las montoneras de Felipe Varela o de Pancho Ramírez. Además, casi todos aquellos caudillos eran terratenientes.

El Gobierno debería descender de las nubes o de los cerros de Ubeda. Salir del soliloquio que onaniza su discurso y aterrizar, aunque sea en Caballito. Pero los del agro bájense un rato del caballo. Exhiban en la televisión las escrituras de los terrenitos que poseen. Muéstrenles a los argentinos pobres el margen de ganancia que tienen. Declaren a los movileros cuántas hectáreas poseen sus chacritas y cuánto vale cada una.

Y si quieren ponerse una escarapela como grupo rebelde no usen la de Argentina. Pónganse una escarapela con una cabeza de novillo o con una plantita de soja.


Por Orlando Barone
Carta abierta leída en Radio Continental, en el programa La Mañana conducido por Víctor Hugo Morales.





UNIDAD PRODUCTIVA RECUPERADA LA FORESTA

Defender el capital social

Las medidas tomadas por las diferentes entidades agropecuarias desbarataron nuestra economía como Unidad Productiva Recuperada (UPR). El saldo más visible y sensible para el conjunto de nuestro pueblo es el aumento de precios de los alimentos. Es por esto que el gobierno nacional tiene la necesidad vital de controlar los precios. Debe tener en sus manos todas las herramientas necesarias para que esto no suceda. Retenciones móviles, cierre de la exportación, ley de abastecimiento. De la misma manera, debe tener iniciativas para incorporar, en la pelea por los precios de los alimentos, a sectores de la economía con capital social, como son las Unidades Productivas Recuperadas por sus trabajadoras y trabajadores.

En la Argentina hay más de 220 UPR, que abarcan diferentes ramas de la producción o de servicio. Metalúrgicas, metalmecánica, mataderos y frigoríficos (bovino, caprino, porcino, avícola), alimentación, gráficas, calzados, textiles, hoteles, salud, medios (diarios y radios) hacen al universo de las empresas y fábricas recuperadas. Cada una de éstas tiene una escala de producción importante, pero son ninguneadas o subestimadas por el poder político, ya sea local, provincial o nacional. O son tomadas como emprendimientos productivos de baja escala, caracterizadas por la no viabilidad financiera.

En el rubro matadero y frigorífico de especie bovina hay 10 UPR. La capacidad de faena total a nivel nacional, según el Organismo Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca), en el 2007 fue de 14.742.129 cabezas y la producción de las UPR fue de 497.371. Es decir, un 3,4 por ciento de la faena total del año pasado. La faena de las UPR podría aumentar a más del 7 por ciento, ya que la actual desarrollada por las recuperadas ocupa un 45 por ciento de la capacidad total de producción del conjunto de las plantas recuperadas. Estos datos dan cuenta de la potencialidad existente. Es desde aquí como las trabajadoras y trabajadores que autogestionamos las UPR de los mataderos y frigoríficos podemos aportar en proveer media res y cortes a precio justo.

Las cámaras empresariales del sector plantean que las cooperativas somos una competencia desleal. Lo cual es absoluta mentira. Las UPR bajo el marco jurídico de Cooperativa de Trabajo somos controladas por el Senasa y la Oncca y cumplimos con todos los requisitos necesarios. Es más, estamos en desventaja con respecto a las empresas frigoríficas con capital privado. Por ejemplo, no tenemos acceso a créditos bancarios, dependemos de una ley de expropiación temporaria y la Justicia casi siempre vuelca su platillo a favor del empresariado. Ahí está el caso de los trabajadores de IMPA, desalojados por la Justicia injusta.

Antes de patear nido ajeno y hacer acusaciones falsas, el sector empresarial debería ver el problema no en las UPR, sino en los capitales norteamericanos y brasileños que vienen quedándose con las mejores plantas frigoríficas exportadoras. Los organismos del Estado correspondientes deben darnos las mismas posibilidades que le dan al capital privado. Deben comprender que las unidades productivas recuperadas, las unidades productivas familiares, los pequeños y medianos empresarios industriales, comerciantes y agropecuarios somos objetivamente sostén de este proyecto nacional para una Argentina con producción y trabajo.

Marcelo Yaquet
Responsable de Relaciones Institucionales, Unidad Productiva Recuperada,

Matadero y Frigorífico La Foresta, Virrey del Pino, La Matanza.

Fuente: Página 12

miércoles, 27 de febrero de 2008

¿Desarrollo sustentable?

En los últimos años, las asambleas del Valle de Uco, San Rafael, General Alvear y el Gran Mendoza han dejado claro que, aunque el modelo de desarrollo ambiental y socialmente sostenible sea una meta aún lejana en la provincia de Mendoza, están dispuestas a luchar para alcanzarla.

En pocas semanas, el gobierno de Mendoza emitirá una Declaración de Impacto Ambiental, que podría autorizar la fase de explotación del proyecto Potasio Río Colorado, que implicaría una inversión de 850 millones de dólares en el extremo sur del departamento Malargüe. El cloruro de potasio allí producido sería utilizado como fertilizante para suelos brasileños cultivados con soja, y otros varios destinados a agrocombustibles. Debido a sus diferencias respecto de la minería metalífera, dicho proyecto ha sido promocionado por la empresa angloaustraliana Rio Tinto como “respetuoso del ambiente” y “sustentable”, pues no se realizaría a cielo abierto ni utilizaría cianuro ni ácido sulfúrico.

Sin embargo, este yacimiento requeriría 367 millones de m3 de gas por año, que equivalen a la suma del consumo residencial, comercial y oficial de toda la provincia de Mendoza en un año. La mina quemaría 1 millón de m3 de gas por día, comprado a precios internos, y equivalente a un tercio del volumen de gas que Argentina importa diariamente de Bolivia, a precio internacional. Los mayores diarios argentinos publicaron como tapa que, en la cumbre Cristina-Lula-Evo, Brasil se negó a ceder a Argentina justamente 1 millón de m3 de gas diario, pero ofreció 200 MW, apenas dos veces y media los 78 MW de potencia que requeriría Potasio Río Colorado.

El mendocino Alejandro Rodríguez, actual Subsecretario de Combustibles de la Nación, siempre ha apoyado el proyecto. ¿Seguirá haciéndolo ahora a pesar de la crisis energética, y le otorgará ese gas, sin importarle que las reservas probadas de gas en Argentina alcanzan para apenas 8 años al ritmo de consumo actual?

Para crear sólo 386 empleos directos en Mendoza, la mina gastaría la misma cantidad de energía (gas+electricidad) que la industria mendocina utiliza para el trabajo de 16.100 obreros.

Luego de 40 años de explotación, esta mina dejaría depositados, para siempre y a 5 km del río Colorado, 83 millones de m3 de cloruro de sodio, formando una meseta de 210 hectáreas de superficie por 40 a 50 metros de altura. La empresa propone “encapsular” este depósito para evitar la dispersión de sal al medio. Esto de ningún modo queda garantizado, pues el proyecto presenta numerosos y gravísimos errores científicos y deficiencias técnicas, respecto de la acción del viento, tormentas estivales severas y sismos, entre muchas otras falencias. Botones de muestra de la "seriedad" del informe de impacto ambiental presentado por la empresa: la combustión del gas generará 9 mil millones de kilocalorías por día, pero según Rio Tinto las emisiones de calor serán "insignificantes" y las 840.000 tn/año de CO2 emitidas producirán un efecto invernadero de extensión "puntual".

El depósito superficial de cloruro de sodio implica graves riesgos a perpetuidad para el ambiente local y regional, incluyendo la posible contaminación del río Colorado, con efectos en La Pampa, Río Negro y Buenos Aires. Las autoridades no deberían permitir este pasivo ambiental, sino exigir a la empresa que reinyecte las sales en formaciones geológicas profundas, o alguna otra opción ambientalmente sustentable. Pero Río Tinto no ha presentado análisis de alternativas al depósito de sal, como tampoco los necesarios planes de contingencia ni muchos otros estudios indispensables. La empresa tampoco ha presentado el seguro de garantía ambiental exigido por el art. 22 de la ley 25.675, Ley General del Ambiente, “con entidad suficiente para garantizar la recomposición del daño que pudiera producir”. El gobierno no debería autorizar el proyecto sin todos estos requisitos previamente cumplidos y aprobados.

La empresa generaría un valor agregado de 225 millones de dólares anuales, según el cálculo realizado cuando el potasio cotizaba en torno a la mitad de su precio actual. De ese monto, el estado mendocino recibiría entre 8 y 12 millones en pago por las regalías mineras y el m3/seg de agua suministrado, y los empleados en tres provincias otros 17 millones. La ganancia bruta para la empresa sería pues de unos 195-200 millones de dólares anuales.

En síntesis, unos pocos extranjeros se apropiarían de la mayor parte del beneficio económico, socializando a los argentinos graves riesgos ambientales legados a generaciones futuras, y agotando rápidamente recursos naturales no renovables. Todo ello es incompatible con un modelo de desarrollo que sea sustentable no sólo en el discurso, sino en los hechos.


Marcelo Giraud
Prof. y Lic. Docente efectivo carrera Geografía, U.N.Cuyo.
Asamblea Mendocina Por el Agua Pura


Fuente: www.rebelion.org


domingo, 10 de febrero de 2008

La Preocupación de todos

EL GOBIERNO DE Néstor Kirchner y su continuación en Cristina Fernández es (a mi juicio), lo mejor que hemos podido conseguir los argentinos desde Perón a la fecha, aún con lo mucho que queda por hacer.

Considero entonces, que la primera tarea sería defender a este gobierno. Pero defender y cuidar a este gobierno no es sinónimo de decir a todo que sí, sino apoyar todo lo que consideremos que conduce táctica o estratégicamente al bienestar del Pueblo y a la grandeza de la Nación. El verdadero amigo no es el que nos adula, sino el que nos da siempre su opinión, su verdad.

La segunda tarea consiste en contribuir a la construcción de la fuerza política que lo sustente. A esa fuerza le podemos llamar MOVIMIENTO NACIONAL Y POPULAR DE LIBERACIÓN (o de otra manera), que además propicie y promueve todas las acciones políticas que conduzcan a la unidad de LA PATRIA GRANDE.

Por último, la labor debería centrarse en reconstruir los partidos para que se pongan nuevamente al servicio del pueblo y dejen de ser instrumentos de la ambición de algunos o de grupos económicos.

Todo lo anterior no puede realizarse sin promover, propiciar y propagar una amplia discusión política sobre estos temas entre los militantes primero, para expandirlo a todo el pueblo después.

Entiendo por promover y propiciar una amplia discusión política como la forma y manera de rastrear en nosotros lo que el pueblo quiere hoy sobre estos temas.

Se trata de una discusión política entendida como la ocupación y preocupación por el bienestar material y espiritual de todos los argentinos primero y latinoamericanos después; o simultáneamente.

No se trata de construir para mi, para mi grupo o para mi partido solamente. Se trata de mirar primero las necesidades del conjunto, los anhelos del pueblo y ordenar todas nuestras acciones personales, grupales y de partidos en esa dirección.

Si bien siempre tendremos que atender las necesidades inmediatas, se trata también de reemplazar los bolsones y el clientelismo, por ideas políticas como instrumento de construcción y acumulación.

Se trata de crear un ámbito de discusión política, plural, participativa y sinceramente dispuesto a escuchar a todos; pues todas las ideas políticas (hasta las del más humilde) son importantes para todos, pues generalmente son fruto de la experiencia de nuestro pueblo.

No hacer esto con entusiasmo y rapidez sería exponernos una vez más a caer en manos de quienes piensan lo contrario, como ya nos ha pasado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

antonio rougier
colectivo de trabajo liberación